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2009/03/25

Credo

Creo que vendrán días mejores

Creo que despertaremos y ya no tendremos
que viajar en trenes y autos
y ponernos cadenas en las manos
para hacer crecer flores
porque haremos, de buena gana, una buena tierra
para que crezcan solas

Creo que entrarás al bar y me dirás
que la soledad de los días no es la misma,
que me permitirás visitarte y llevarte a pasear
y comprarte helados en la ladera

Creo que hice algo bien
creo que hay otro mundo posible
creo que la circunstancia del tiempo
ya no será milagro
y podremos jugar con él
como yo juego con mis letras

Creo que habrán noches de luz y música,
en que todos bailaremos
las haremos grandes no por estar en la calle
sino por estar con nosotros
Creo que aprenderemos a besar y amar
sin necesidad de pretextos o instintos

Creo que veremos a Dios en la tierra
que lo haremos bajar de su trono de oros y nubes
y aprenderemos a hablarle
sin dogmas ni mandamientos

Creo que te cantaré
y ya no será a escondidas
y te acariciaré y te besaré
con un cariño no mal visto
Creo que viviremos y dormiremos
y aprenderemos a domesticarnos

Porque todo esto es nuestro
y en nosotros está el germen
y la semilla
para ser humanos

2009/03/16

Dulce, dulce estrella (caramelos de colores)

Saludos a todos, y besos grandes de macarrón. Quiero aprovechar este post para hacer algo más personal y saludar y darles la mano a ustedes queridos lectores de este su blog variable, pretencioso y falso. Y para recordar viejas épocas bloggeriles y viejos clichés también bloggeriles, les ofrezco algo que no le interesa a nadie, pero que se complementa con algunos de mis otros posts: un resúmen de las últimas semanas de mi vida! (creo q sería mejor escribir "de las pasadas semanas de mi vida", pero el tiempo es tan... tan... es bien "nosecomo" XD). Espero relatarlos de manera tal en que se confundan la realidad del relato, la ficción de la palabra y la falsedad de mi lengua. Y aquí vamos:

  • Recuerdan la Manhana de Carnaval a la que tenía que ir a hacer no se que huevadas? Pues no fui, al final terminé en los campamentos de los daminificados por los derrumbes en Retamani (no les conté que hubieron uno derrumbes heavies en Retamani?, pues hubieron). Lo bueno de todo, es que no hubo muertes, sólo perdidas materiales. Pero es facil decir que eso es lo bueno cuando todavía tienes tu casa, tu baño, tu cama, un foco... Y los niños! Para los chicos nunca hubo desgracia: eran otras vacaciones! Días de jugar entre ellos, comer rico y dormir tarde. Formaron una gran vecindad y jugaron futbol, carreras, voley y pelotaquemada. Son muchas cosas.
  • Bueno pues... me volví a enfermar. Nada grave (parece), pero aproveché el malestar para hacer algo que va contra todos mis dogmas: dejar de fumar. Sé que no suena a mucho, pero yo fumaba hasta en la ducha, y no lo dejé ni cuando tuve laringitis. A la fecha, ya van cuatro días de abstinencia. No veo los "tan mencionados cambios" que todos dicen que hay, pero al menos uno se siente algo más vivo. Como si en ves de dar pasos hacia la tumba, dieras pequeños brincos mientras miras las farolas de la calle. Tengo ansiedad, se me dificulta leer, escribir, pensar... es jodido. Eso sí, estoy empezando a comer el triple que antes, y el antes era el triple de una ración normal. Entonces... pronto tendrán a un Coyote sexy y barrigón XD.
  • Escribí una nueva canción, sobre la franqueza de no buscar las cosas ideales y anhelar algo real, algo palpable que por eso te encanta. Durante una temporada estuve saliendo con una chica que, de todo lo que me contaba, el 70% eran accidentes causados por su torpeza. Y eso la hacía preciosa. Bueno, sigue siendo preciosa. Me encantaba que fuera alguien tan real, tan humano, que con ella no buscaba cenas en Montecarlo ni noches en Alaska (escuchando Alaska), sino la sencillez de una hoja seca en las manos (y un vino en el mirador!). Desde aquí un beso grande a esa malvina.
  • Nueve y algo de la noche. El minibus (transporte relativamente masivo, relativamente rapido, temerario como pocos, cumbiero como todos) recorre las calles de alquitran con su acompasado ritmo de 2.. 3... 2... 3... El voceador (muchacho encargado de gritar a los peatones la ruta del minibus) lanza a la noche su pregón de distancias: calacoto!... san miguel!... achumani!... y la gente adentro cabecea contra el vidrio soñando mundos mejores con auto. Cansado, y ante la perspectiva de otra "lost highway", mete la cabeza y cierra la ventana. El chofer del mini le dice "¿Cuántos asientos más hay?", a lo que el chico con gorra de NY responde gritando "Uno nomás!". Y el chofer le replica "Es para vos!". Sonriente el niño se sienta, sube los pies a ese espacio que tienen los minibuses detrás del asiento del copiloto, baja la gorra a la altura de sus ojos... y se duerme. Hay noches en que dejas de ser pasajero para ser cronista, y creo que esa noche era una de esas.
  • Ahora, el ritual de despertar y caminar a la ventana y gritarle "Hijo de puta" al perro del vecino, se ha transformado en un ritual de estirar las piernas y asearme con cuidao. De afeitarme tranquilo y peinarme... con un peine! De hacer el café añadiéndole leche y de caminar con calma al trabajo. Y es que, aunque no te vea entre mis libros ni mis expedientes, ni tu me encuentres entre las paredes de yeso y los libros de la selva, debo confesar que uno se acicala cuando tiene alguien que lo desvista, se perfuma cuando tiene alguien que le diga "Ese perfume te lo regalé yo, verdad?", y anda erguido por las calles cuando tiene a alguien que le espera al final de la cuadra con mirada aburrida, sonrisa timida y cara de llegascincominutostardecarajo. Grrrrr... hasta el narcisismo puede ser románticón.
  • Pelis que ví ultimamente: Bladerunner (heavy), Twilight (sissy), El Argentino (tooooda otra historia aparte), pero la que más me gustó no fue una peli, sino un dibujo animado de Cuba que se basa en un revolucionario de pañoleta roja y machete. No recuerdo el nombre de la serie, pero era relativamente antigüita y la música la hizo Silvio Rodríguez. ¿Pueden ayudarme a identificarla? Y sobre el mismo tema, ¿escucharon esa canción de Dylan que se llama Silvio?
  • Finalmente tengo la discografía completa de Ismael Serrano. No pregunten cómo la obtuve y no preguntaré cómo obtuvieron la discografía favorita de (inserte el nombre de su banda favorita aquí). Pero mejor hagamos algo divertido: cuéntenme como obtuvieron ese disco increible que llena sus cabezas, y la mejor historia se lleva de regalo el disco navideño de Tool!
  • Y el presi sigue tocando el violín mientras arde la plaza Murillo...
Y ahora... vamos a responder algunas preguntas de los lectores: Es cierto, me gusta el helado de chocolate con limón y odio el de coco/Los títulos de los post no necesariamente tienen que ver con el contenido de los mismos/Era (otrora felices tiempos) un fumador en cadena, es decir, encendía un pucho con el anterior/Cecelia no está mal escrito, en serio hay una chica que se llama Cecelia!/Celeste es... toda otra historia, que me encanta/Viví una temporada en Atacama antes de venir a Bolivia/No escribo por despecho ni por rencor, sólo por una necesidad latente de escribir/Sip, soy un poquitín mentiroso a la hora responder preguntas...

Les agradezco por tomar el té, leche, café, cocoa, agua de cangrejo o cualquier otra bebida que se hayan servido conmigo. Les recuerdo siempre y escribo para entretenerles... o al menos para distraerles. Muchos besos de nuevo y nos vemos en otro post del futuro ya no tan lejano (momento, eso lo escribí ayer!). Ciao!

2009/03/08

Cinco pasos

A worried man with a worried mind
No one in front of me and nothing behind

Things have changed - Bob Dylan



Era la primera vez en setenta y (cinco) años de vida en que desayunar le había tomado tres horas. Para el anciano de la imprenta, esa era la prueba palpable de que ya no podía seguir engañándose: el tren llegó, dejó la carga y se fue, dejando la estación con pequeñas cosas de mimbre, como sombrillas, gatitos de mimbre, escobas, letreros, antenas, etc. Se preparó tres tazas de té con limón antes de comer dos galletas con mermelada pasada y fría, tardando una hora en tomar cada taza. En una palabra, era viejo. Ahora es oficial, y para celebrarlo, el anciano de la imprenta decide recapitular todos los achaques que otrora achacara a la radiación, al clima, a Bush, a la economía, pero que ahora entiende que son única y exclusivamente suyos:
  • Dolor de golpe. En la mañana, los golpes de su corazón eran fuertes, precisos, cada uno en su lugar como esperando no equivocarse. De su contínuo bum bum dependía el resto del cuerpo. Pese a haber sido su confidente y más confiable amigo, el anciano de la imprenta dejó de preocuparse por su corazón con el paso del tiempo. El órgano del cuerpo que mejor fama tenía entre los poetas era para él como un riñón, solo que el riñón en cuestión le dolía. Y harto.
  • Dolor de piernas, una de las mayores razones para usar la lana (la lana) de oveja como nueva coraza contra un enemigo de barbas y dedos puntiagudos: el frío.
  • Dolor de puertas. Es ese dolor inevitable de sentir que a uno se le escapa la puerta al tratar de cerrarla. Consiguientemente, se termina con una puerta tirada violentamente, con el cuerpo estremecido por el ruido y el golpe, y con una vaga sensación de pudor.
  • Dolor de memoria, que se encarga de doler cuando el anciano pretende recordar ciertas partes de su vida. Cuadros, cartas, llamadas, dibujos, recortes de prensa, todos los advinículos de la memoria le dolían, como si su memoria tratara de protegerse contra el recuerdo, contra el pasado.
Y lo peor de todo es esa enfermedad, que para el anciano de la imprenta se ha convertido en la única, en la principal, en LA enfermedad. El doctor, bueno, en realidad el estudiante de medicina que vino a visitarlo (era el hijo de la señora de la tienda) le habló de ella, le dijo que hay tratamientos para contenerla, que no era mortal pero era de cuidado, que sólo le quedaba seguir adelante y tratar de llevar una vida normal. Era que se estaba convirtiendo en planta. El anciano de la imprenta no supo que hacer, la desesperación de encontrar esos brotes saliendo de las plantas de sus pies, el pinchazón de arrancarlos uno por uno y quedarse en la mano con esa partecita de las plantas que parece pluma... eran demasiado para él. Sus uñas, según podía notar, iban adquiriendo una tonalidad ocre, dejando atrás la que fuera una sana coloración rosácea. Tales los síntomas externos. Pero eran los síntomas internos los que de verdad preocupaban al anciano de la imprenta. Las ganas de no moverse de un lugar, de no salir, de levantar la cara al sol y quedarse contemplándolo todo el día con una sonrisa un poco boba. También tenía la sensación de que todos pasaban a su alrededor sin preocuparse por él, rosando sus brazos de camisa y sus papeles como si fueran ramas y hojas de una planta de interior; está además la leve sensación de que el otoño que viene será el último. Cuando le comenta esto al estudiante de medicina, éste sonríe con lástima: sonrisa porque ha podido confirmar lo que decían los libros de geratimia, y lástima porque sabe que este señor se va a morir. Descuide, le dice, y le da un jarrito de barro con hojas secas adentro, indicando frotarse la frente con él cada cierto tiempo. La única cura según los actuales tratados. El anciano de la imprenta siente por primera vez esa sensación tan ajena y tan propia de los soldados: la desesperación.

La imprenta permaneció cerrada toda la mañana. Si la biblia tiene razón, ahora que no hay letras debería aumentar el temor a Dios. Pero no, al menos por hoy. El anciano de la imprenta entró al taller a ordenar las cosas. Ya era mediodía y debía almorzar, pero hoy el mundo tendrá que aguantarse las ganas de leer, e indagar un poco en las elucubraciones de la caja boba. Recogió los atados de papel en grandes tubos y los llevó al cuarto almacén. Barrió las finas raspaduras de papel que caían de las máquinas como bucles de princesa rusa, y cuando tuvo un gran montón en el alzador de basura, metió su mano y estrujó un puñado hasta deshacerlo. Luego botó todo a la bolsa de basura, pensando en cuantos príncipes rusos habrán soñado con besar ese cabello. Para terminar, tomó el trapo que estaba sobre la radio, y que en un pasado glorioso fuera la primera polera de Boca en todo su colegio, y empezó a quitar el polvo de las mesas, las sillas, las maquinas, la ventana, la radio, la perilla de la puerta, el interruptor de luz, sus zapatos, sus manos, su overol, su boina, su cabeza con hojas, su frente de roble, su bigote blanco que se vuelve verde, sus ojos... a veces detenerse es secarse. Quisiera tanto imprimir en papel sábana para tener de nuevo hojas y hojas de arena que empolven todo otra vez, pero sabe que no puede hacerlo. Vuelve a tirar el trapo sobre la radio, apaga la luz y sale del taller. En la calle, siente como si el viento lo meciera, como si lo meciera y lo alimentara de sol otra vez.

Es dificil saber qué hacer cuando se ha perdido la batalla. Y es que esta batalla en particular fue peleada toda la maldita vida y todo el maldito tiempo. Da igual. Ahora, el anciano de la imprenta está descansando en la mesa, con la vista a otra puesta de sol de noviembre, a cinco pasos de la ventana. Cuando fuera niño, allá en su viejo pueblito paraguayo, un perro suicida que estaba terriblemente enfermo le enseñó la diferencia entre explotar o extinguirse como una vela. Pero entonces le vino el Dolor de Memoria. Mirando la ciudad por la ventana, decide pararse y asumir a plenitud su destino de hoja otoñal. Empieza: uno... dos... tres... cuatro... cinco... Cinco pasos hasta la ventana, la abre y luego de un gran esfuerzo y una gran lucha contra el lumbago, logra saltar hacia la ciudad, hacia el viento y hacia el vacío. En la calle, gritos, lamentos, más gritos, y toda la ciudad señalando al viejo suicida. Pero mientras cae, el anciano de la imprenta se mece, y se mece, y se mece, y se mece, y se mece, y se mece.