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2009/04/05

CÓMO ESCRIBIR UN LIBRO

Para la Sel




Cuando uno escribe, el lector es uno
- Jorge Luís Borges





Hay miles de formas de escribir un libro. Se puede tomar dos hojas de un árbol viejo y poner entre ellas tres lágrimas de melancolía pura. Si se las deja en la noche fuera de la ventana, al día siguiente aparecen cuerpos de hadas borrachas que se bebieron las lágrimas, y a cambio recitan los poemas para que te ame quien te tenga que amar; nadie menos.

También se puede fumar un cigarrillo hasta la mitad, llevarlo a la pampa andina a las cinco de la tarde, cuando el sol se pone, y humedecerlo con la lengua. Si el cigarro se enciende de nuevo, al volver a tu casa vas a encontrar una telaraña en la puerta. Si lees cada uno de los hilos que la forman, leerás los poemas para aquella mariposa nocturna que morirá cuando te mueras. Si el cigarro no se enciende, al volver a tu casa verás a una mujer pelirroja salir desnuda del clavel que está en tu mesa, y ella morirá frente a tus ojos. Entonces solo podrás escribir sobre amores envidiosos y nunca más te reirás de ti mismo.

Otro método consiste en escribir en la pared la primera risa que escuchaste el jueves. Pones un espejo frente a esa pared, y leerás la historia de una revolución nunca contada. Puedes hacerlo todos los días y nunca te saldrá una revolución diferente. Si en ves de una risa anotas la cuarta pregunta que te hicieron en un jueves, es espejo reflejará la historia de una niña morena y ágil que vivía en el campo, y que gusta de escribirles cartas a los hombres que caen de una altura mayor a los 10.38 metros. Por alguna razón, la historia de la niña morena y ágil es siempre la misma y nunca cambia.

Yo no lo probé, pero mi buen amigo Sebastián Lleras Paz me contó que si se llena un vaso con lágrimas de adolescente y se usa ese vaso para ver a través de él en los pupitres de chicos de quince años, se puede leer en esos pupitres los poemas sexuales que pensaron todos los que se sentaron ahí. No lo probé por la dificultad que implica conseguir todos los materiales, aunque no dudo de que funcione.

Me contaron que una copia de El libro de Arena se encuentra en la librería "Don Nicanor", ubicada en la calle Murillo Nº 382. El que encuentre ese libro será capaz de vaciar en libros todo el contenido que éste posea, dado que El Libro de Arena es infinito. No soy supersticioso, pero no lo fui a buscar porque Borges "trató de leerlo" y se quedó ciego. Para el que quiera intentarlo, el bendito libro está en un cajón de 58 por 32 repleto de copias no vendidas de La Casa Solariega de Armando Chirveches. Pero podemos vivir tranquilos, pues el mencionado cajón está lejos del fuego, debajo de una mesa en el deposito de la mencionada librería.

Menos complicado es juntar una flor con un cirio para que una voz, creo que era la de un hombre joven, nos susurre al oído las instrucciones para llevarse a la cama a la prima menor de un amigo que sea el hijo mayor y sólo tena un hermano menor. Me consta que funciona. Hasta me ayudó a escribir bastantes buenos poemas.

En el mirador de Sopocachi, más concretamente debajo de los asientos, también hay ocultos muchísimos poemas, versos, sonetos, sextetos y palabras sueltas. Pero cuando ves la fuente de neptuno, se te olvidan todos (presumo que por eso está al centro). Lo curioso es que si los anotas en un cuaderno con tapas de color verde hoja, al anochecer tu cuaderno se convierte en un trozo de corteza de árbol con la inscripción FFT marzo/42. Pese a ello, mi querida amiga Mariel Zegada Serrano me comentó un método para sacar los versos del mirador. Para ello debes ir con un vagabundo que duerma en el cuarto árbol contando desde la izquierda del ingreso al mirador, y entregarle media galleta, cuatro panes, dos puchos y una regla de medir de treinta centímetros. De esa manera, él te acompañará a todos los asientos en los que quieras leer versos; al salir del mirador el te devuelve la media galleta, y al comértela recuerdas todos los poemas que leíste. Pero si vas al baño, se te olvidan todos. Lo intenté, y únicamente llegué a anotar estos versos:

"Miro verde el entierro
que hundiéndose en el té
me llena de narcisos"
(El autor de esto es alguien llamado Jisael Ochoa)

Mariel ya empezó a recopilar un libro con todos los versos que pueda sacar. Espero que reconozca a los autores de cada uno y no se haga pasar como artífice única de poemas que no escribió.

Finalmente, hay cuatro poemas completos y uno inconcluso, que versan sobre el arte de afeitarse, en el libro de Ciencias Sociales de Sexto de Primaria de Julián Moscoso. Los pongo aquí porque sólo el poema inconcluso ya da para escribir libros de libros de temática diversa, así que imagínense ustedes cómo es la lectura de los otros cuatro. Actualmente, Julián Moscoso vive en la ciudad de La Paz, cursa el Primero de Secundaria de la Unidad Educativa Ramón Vinyes, y cobra por leer su libro.



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Raro y peculiar, el original de esto está en Cuaderno Negro 2, mismo que se creía perdido en la bruma de cajas y cajas de cartón. Lo escribí hace ya siete años, y aún me gusta. Es una respuesta al artículo Lo que queda es lo escrito de mi querida Sel, a quien dedicamos estas letricas. Beso grande desde acá para la Madama. Y en cierta forma también me lo dediqué a mí en su momento, cuando lo escribí, y retomo el compromiso de letra o muerte que hice en mi tierna niñez (ni tan tierna! la vida era una mierda. Reducido al tamaño de un dedal por el hechizo de una bruja pantagruelica, tuve que vivir oculto mucho tiempo, sobreviviendo como podía. Había relativa abundancia de comida y todo, pero los ataques de las ratas eran simplemente horribles!) Pero esa es otra historia. Beso a todos!